Actualizado 27 de Jun. 2009
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ALGUNAS ANECDOTAS DE MIS VIAJES...

1. La Acequia

Era uno de esos típicos días lluviosos de la Patagonia Andina, propios de Mayo o Junio. No solo llovía, sino que llovía a cántaros. No era un día propicio para andar “patenteando”, y menos en esos caminos sinuosos de ripio con charcos grandes como lagunas. Las alamedas a los costados, ya sin hojas, hacían mas oscuro el día. Pero como ya estaba allí y no tenía ni una patente de esa localidad, debía proseguir con la “búsqueda”.

Por esas casualidades que se dan a veces, crucé al único transeúnte emponchado con una capa de plástico negro que podía estar caminando bajo ese diluvio. Bajé el vidrio para preguntarle si sabía de alguien que tuviera alguna patente antigua: me contestó que hacía unos años había desarmado un galpón con otros muchachos y que habían visto de esas patentes... Me indicó la chacra donde había hecho el trabajo, y allí fui.

Llegué a la casa con la esperanza de encontrar algo. El lugar era muy pintoresco: había una linda casa de campo, mucha arboleda, varios corrales con animales, frutales de todo tipo y un galponcito de madera que parecía otra casita al lado de la casa de la familia. Una acequia de unos 4 metros de ancho con un precario puente era lo que había que cruzar para llegar a un playón de discreto tamaño delante de la casa. Los perros (como siempre ocurre) salieron a recibirme mucho antes que yo llegara, por lo que una chica ya estaba bajo el alero de la puerta principal cuando estacioné delante de la casa. Los rasgos de la chica indicaban que sus padres podían ser extranjeros. Luego me contó su hermana que su padre era alemán y su madre oriental. La chica de unos 25 años era realmente muy bonita. No me asombré cuando me invitó a entrar a la casa para no mojarme, ya que normalmente la gente de campo invita a pasar, es una sana costumbre. La hermana estaba leyendo y el hogar estaba prendido al igual que la tele. La chica que me recibió era muy alta y delgada, no así la hermana, que era mucho mas baja, notablemente mas rellenita y con rasgos mas germánicos.

- Si, acá hay una caja con patentes... quién te mandó..?.

Les expliqué que la persona que me acababa de cruzar un kilómetro atrás me había mandado.

- Querés tomar un té?

Creo que la “flaca” dedujo mis ansias de ver esa “caja con patentes” antes que tomarme un té, ya que no esperó a que le contestara y fuimos a ese galponcito-casita. De abajo de una mesada salió una caja con una veintena de hermosas patentes con el nombre de la localidad, con las obleas del año y todo. Una caja de tesoros para mi.

- Mirá, si te gustan todas… llévatelas. Acá no las usa nadie, estaban en un galpón cuando mis padres compraron esta propiedad. Es una
  casualidad que todavía estén guardadas.

No podía creer que iba a volver con este tesoro a casa, pero era realidad! Cargué la caja en la camioneta, en el piso de la cabina, como para darles una repasadita cada tanto en el viaje de regreso: había celestes de Camión, rojas de Taxi y negras con la letra “P” correspondiente a autos Particulares.

Volvimos a entrar a la casa, en mi caso para despedirme de la hermana y agradecer la generosidad. Luego subí a la camioneta y arranqué.

Iba yo saludando a la “flaca” con la mano y a la vez iba doblando en círculo en el reducido playón, para cruzar el pequeño puente y retomar el camino para volver a casa. Y la seguía saludando… Creo que estaba tan excitado por las patentes encontradas, que en vez de enderezar la dirección, tomé el puente totalmente atravesado. Si bien éste era bastante ancho, de unos 3 metros, carecía de baranda. Los palos redondos que hacían de camino, puestos uno al lado del otro, en el sentido de la acequia, se ve que no estaban clavados a la estructura. No llegué al puente en forma perpendicular sino todavía girando, y saludando! Los viejos palos resbaladizos se deslizaron de repente todos de costado y la primera parte del puente simplemente desapareció. Los palos se fueron al agua de punta cuando no tuvieron mas apoyo! De golpe me encontré con la trompa de la camioneta metida en la acequia, como un caballo sediento tomando agua. De un lado quedaban los palos redondos inmersos en el canal, debajo de la rueda, y del otro quedaban los mismos palos como un metro hacia arriba. Parecían como diez "sube-baja".

Ni siquiera me podía bajar, sin meterme en la acequia y mojarme hasta las rodillas, o caerme sentado en el agua si es que intentaba caminar por los palos redondos resbaladizos e inclinados.

La “flaca”, quien todavía no había entrado a su casa, vino corriendo y no sabía si reír o llorar. Ese “puentecito” era la única comunicación con el camino y seguramente sus padres vendrían del pueblo y no podrían cruzar.

Qué papelón Tomasito...Y ahora…? Encima con este diluvio.... Me demoré un buen rato pensando si había una forma mejor de bajarme de la camioneta sin mojarme. La solución fue abrir la puerta y pasarme a la caja directamente y de ahí saltar a tierra firme.

Cuando llegué nuevamente al alero de la puerta principal, la que estaba ahí era la hermana, la que había estado leyendo.

- Vení entrá, te vas a mojar!  Mi hermana se fue en la bici a buscar ayuda.

- En la bici?

- Y...  sí…, para hacer mas rápido.

Me invitó a tomar asiento. Finalmente pude tomar ese tecito que me habían invitado antes. Ahí me contó que sus padres se conocieron en un viaje y que les había gustado mudarse a la Patagonia. Ellas habían nacido acá, en Argentina.

Pasaron como 2 horas, antes que se escuchara la llegada de un tractor. La hermana se había subido a la bicicleta y se fue por detrás de la casa, abriendo corrales y tranqueras hasta la casa de un vecino, a buscar a alguien que me sacara la camioneta. Creo que el vecino no estaba y fue mas lejos todavía, por eso tanta demora.

El tractor tuvo que hacer el mismo recorrido complicado, haciendo ella de “asistente de tranqueras” y volver en su bicicleta toda empapada. En tres segundos sacó del agua a la camioneta este amable tractorista.

Me llevó un buen rato rearmar el precario puente. Lo hice lo mejor que pude y me despedí, no sin sentir alivio por mi y por ellas. Estaba empapado y muerto de frío, pero feliz.

Al padre alemán no llegué a conocerlo, pero en esas circunstancias hubiera preferido no cruzarme con él.
 


2.- Los Gonzalez

Las rutas de la provincia de La Pampa fueron fieles testigos de mis viajes, me vieron transitar por sus pueblos innumerables veces: de sur a norte y de oeste a este. Hubo una época en la que no pasaba mas de dos meses para que visitara los mismos lugares, para ver si alguna de las promesas de obtener patentes se confirmaba. No es que era "tan" insistente, a veces a esas personas no las encontraba por estar de viaje o trabajando y debía esperar a una próxima oportunidad para verlas.

Bahía Blanca fue mi base de operaciones por años. Gran parte de su zona de influencia y la Provincia de La Pampa, fue lo que mas visité, dado que me permitía viajes de 4 o 5 días y la recorrida por una importante cantidad de pueblos y ciudades. Uno de mis deseos iniciales fue tener por lo menos una patente de cada localidad de La Pampa, y una de cada Partido de la Provincia de Buenos Aires. Me sentía cómodo en esas giras. Luego empecé a visitar el norte de la Provincia de Buenos Aires y el sur de Córdoba con similar asiduidad y finalmente gran parte de Córdoba y sur de Santa Fe. Luego vino la Patagonia y finalmente el norte argentino.

Llegué al cruce donde iba a doblar a la izquierda para ir a ese pueblo del norte de La Pampa del cual quería una patente. Ya había hecho ese recorrido varias veces antes. Un paisano me hizo "dedo" y por supuesto acepté llevarlo.

- Ah bárbaro, justo voy para allá! Venga suba.

A veces hay que acomodar un poco los bártulos que uno lleva en la cabina y hacer lugar para el invitado: el bolso con la ropa, las cajas que otrora habían estado llenas con "Manzanas del Alto Valle de Río Negro" y ahora portan las abundantes patentes repetidas, el bolso con la frazada, la campera, la caja de telgopor grande que sirve de apoyabrazos del brazo derecho, etc. Para la comodidad del nuevo viajero, hay que mandar algunas cosas atrás, a la caja de la camioneta.

Esta caja de telgopor mencionada, sirve a la vez de instrumento de percusión. Los deditos de la mano derecha suelen seguir el ritmo de la música. Aunque reconozco que me gusta mas escuchar noticias o comentarios periodísticos de actualidad que música, música en la radio siempre hay, e instintivamente sigo el ritmo. El telgopor de la caja suena bien con los golpecitos, sobre todo por estar semivacía. Esto tiene su explicación: allí llevo los mapas, la agenda con infinidad de contactos, y algunos dulces regionales que sirven como "atención" en todo momento. Pocas cosas. Pero es necesario dejar lugar para lo nuevo que uno consigue, y tenerlo a mano. También para darle una miradita cada tanto, simplemente levantando la tapa, para repasar lo encontrado. 

- Deje jefe, me acomodo bien, no se moleste, voy atrás. (es lo que mas se escucha decir)

Atrás no! Me gusta charlar con estos nuevos amigos, que muchas veces tienen buenos datos. Y además atrás es peligroso andar.

- Ha llovido no?

- Siiiiii.... llovió..... Hay muchos campos inundados....

En esos años hubo una feroz inundación en el sur de Córdoba, norte de La Pampa y oeste de Buenos Aires. Después vinieron los años de normalidad y posteriormente de sequía. El estado del tiempo es normalmente la primer conversación que uno mantiene con la gente de campo. Saben cuánto llovió acá y allá, están muy pendientes.

- No sabe de alguien que pueda tener alguna patente de esas antiguas...?

- Patentes........ patentes......
 Y..... tendría que ir a lo de los Gonzalez.... Pero mejor no vaya. Mire que.... no es gente que lo va a recibir.... En el pueblo le tienen miedo...

Luego de dejar al muchacho donde me indicó y esperar a que recogiera su bolsito de la caja, obviamente que fui, era ya casi el mediodía.

Los Gonzalez vivían en una chacra donde se terminaba el pueblo. Mas allá ya era todo campo. La casa estaba rodeada de árboles y había varios galpones, dos por lo menos que yo me acuerde. Desde la calle hasta la casa había que sortear una puertita precaria, unos 20 metros..... y los perros. Allí se llegaba a una segunda puerta de alambre, pero mas alta, con un travesaño curvo que unía los dos postes laterales. De allí nacía para cada lado un alambrado de como dos metros de alto que rodeaba la casa. Las enredaderas se habían apoderado de todo el alambrado, por lo que prácticamente la única forma de ver la casa era a través de la puerta de alambre.

Nadie salió, a pesar de mis largos y cada vez mas fuertes aplausos. Desistí al cabo de un rato y me fui...

Aprovechando mi paso por el pueblo, pregunté por patentes en un taller mecánico. Desde abajo de la fosa también me mencionaron a los Gonzalez como seguros poseedores, pero me aconsejaron no ir, lo mismo que me había dicho el paisano:

- Son gente rara.  

La recorrida por el resto del pueblo no fue fructífera, así que me detuve a repasar mi agenda y ver qué otro pueblo o contacto había en la cercanía para visitar.

Ya no me acuerdo si fue en esa misma gira o en otra posterior que volví a los de los Gonzalez, pero esta vez era de noche, como 9 y media o 10. Los perros tal vez se acordaban de mi o ya habían cenado, pero no fue tanto problema llegar hasta la segunda puerta de alambre tejido, como la primera vez. Desde ahí se veía luz adentro de la casa, pero todo alrededor se parecía mas bien a una boca de lobo, la farola de la calle no llegaba a iluminar hasta ahí. Cuando se prendió la luz exterior que estaba sobre la puerta, ya me puse un poco mas contento. Supuse que había alguna intención de recibirme.

Mientras una persona se acercaba hasta la puertita y los perros se acordaron repentinamente de ladrar, pude ver que se encendía una linterna con poca batería en una de sus manos y en la otra se podía distinguir la silueta de una escopeta. La luz sobre la puerta me encandilaba bastante y solo veía a una persona acercarse, caminando esos 10 metros de distancia desde la casa.

Sarakatunga! Y ahora?

- Buenas noches, perdone la hora y la molestia... Me dijeron que preguntara aca...

- Qué quiere?!

- Yo soy de Bariloche y colecciono patentes antiguas, estuve el otro día al mediodía pero no había nadie...

La persona que me había recibido con el arma colgando en el antebrazo y el caño apuntando para abajo, era una señora mayor, bajita. Creo que era bastante mayor. Su actitud de tener el arma así, me dio la pauta de que no tenía reales intenciones de lanzarme unos perdigones al pecho, por lo que me calmé un poco. Pero igual estaba intranquilo. Me habían advertido que no viniera a lo de los Gonzalez.

- Hm! Le voy a preguntar a mi hermano.

Ese Hm! mas que un "no" suele ser un "puede ser", así que pensé que estaba bien encaminado. 

Luego de una prudencial y ansiosa espera, la señora Gonzalez salió nuevamente de la casa, esta vez solo con linterna en mano. Abrió la puertita de alambre y me dijo que la siguiera.

Yo pedía dos cosas en mis pensamientos: que hubiera patentes y en tal caso que la linterna no se quedara sin baterías.

La luz amarillenta alumbraba las hojas del piso y el barro, y la señora con sus botas negras de goma caminaba deprisa y yo detrás de ella, tratando de pisar en el mismo lugar. Se veía muy poco. Anduvimos un ratito hasta que nos detuvimos detrás de uno de los galpones. Cuando llegamos, me indicó con un gesto un poco brusco, usando la moribunda luz como apuntador, dónde debía revolver. Según el hermano ahí había algunas de esas patentes que yo estaba buscando.

Efectivamente, ahí había "algo". Estaban un poco oxidadas, pero había algunas con el color original!

- Uy señora! Cuántas! Me puedo llevar alguna?

- LLéveselas todas si quiere; si le sirven? Aca estuvieron por años tiradas...

Cuando desandamos el trecho hasta la casa, me dijo, ya mas en confianza, que ellos vivían solos, que el hermano era mayor que ella y ya no podía trabajar. No salían casi nunca. Siempre me pregunté por qué no me habían recibido de día y sí de noche...

Debo reconocer que la viejita me dio lástima, tal vez ella y el hermano habían sido mas dados con la gente años antes, y que la edad los había hecho mas cerrados. O antes habrían sido personas mas difíciles todavía, y por eso la mala fama, no sé. Por lo menos conmigo se portaron. Quedé bien con un par de dulces de rosa mosqueta y frambuesa. Por la mirada, creo que doña Gonzalez valoró mas los dulces que yo las patentes....

Años después me enteré que un colega y amigo mío de La Pampa los contactó y pudo conseguir buenos carteles enlozados allí, entre otras antigüedades. Incluso tenían un auto antiguo en uno de los galpones que hacía años que no abrían. No sé qué fue de ese auto...
 


3.- Pequeño relato de un gran hallazgo

Toda hora es buena para buscar patentes, basta que uno esté en el lugar indicado, con la persona indicada. De ahí en mas, pueden pasar muchas cosas.

Siempre me he levantado muy temprano, sea que haya pasado la noche en un pueblo chico o uno mas grande. En todo pueblo hay una panadería, así que ahí es donde se arranca para conseguir una docenita de facturas. La estación de servicio suele ser la solución para un cafecito, aunque algunas veces uno se queda con las ganas. No suelo tomar mate en los viajes, es peligroso cebárcelos solo, sobre todo si uno ya está en la ruta a 110 o 120 por hora. Y ni por broma invierto 15 minutos y estar parado por unos mates, eso lo hago en casa. Hay que buscar patentes en esos 15 minutos! Temprano a la mañana ya hay lugares por donde empezar a explorar.

La hora del mediodía es buena para "patentear", así como a la hora de la siesta o mas bien tarde a la noche, pues la gente suele estar en la casa, siempre que uno tenga algún dato cierto. No voy casa por casa tocando el timbre! Admito que lo que menos me gusta es molestar a esas horas, y confieso que muchas veces lo he tenido que hacer.

Otras veces el plan era lo opuesto: justamente en esas horas del mediodía o de la siesta, eran las que ocupaba para viajar de un pueblo a otro, sobre todo si la distancia suponía un viaje de un par de horas. Sobre todo en verano.

Esta vez opté por la opción de la pequeña recorrida de las 10 cuadras por 3 que este pequeño pueblo del centro de La Pampa. Ya había estado allí un par de veces sin éxito y con algunas promesas. Pero este día a las 3 de la tarde me esperaba la sorpresa de esa gira. El hormigón muy caliente de las calles en esos días de verano, parece que despide vapor y a la distancia hace que se vea todo borroso. El aire caliente sube y lo diluye todo.

Este señor cruzaba por esta pequeña sucursal del infierno justo por el boulevard principal. Como íbamos en direcciones opuestas, no faltaba mucho para que me lo cruzara, justo cuando pasara delante mío sobre la calzada de este lado del boulevard.

- Buenas Don! qué calor no...? 

- Y... mucha calor...

Al preguntarle por patentes, se tomó la pera con su mano, como pensando... Iba mirando para un lado, después para otro, con la vista perdida, como buscando orientarse o hacer memoria. Pensó un rato y pareció recordar dónde había visto algo. Me indicó cómo llegar a ese campo.... donde había visto patentes!

- Siga hasta donde termina el asfalto, doble a la derecha, dé la vuelta y "agarre" como quien va para la vía. De ahí son como tres leguas.

Las personas de la zona pampeana indican con la mano, con los 4 dedos pegados extendidos y el pulgar hacia abajo. Hacen un movimiento brusco hacia arriba, cuando hay que seguir derecho. Cuando hay que doblar a la izquierda, hacen el mismo movimiento pero con los dedos curvados hacia adentro. Si hay que doblar a la izquierda, abren la mano doblando la muñeca.

Las personas de la Patagonia, en vez no suelen indicar con la mano, lo hacen con la boca, sobre todo los venidos de Chile. Cierran la boca como para dar un beso y hacen el mismo movimiento brusco hacia arriba, pero con la cabeza. En el mismo momento que van indicando, van dando las instrucciones, y normalmente no se les entiende nada.... Pero volvamos a La Pampa...

Ahí iba yo, echando polvo tras mío y tratando que las 3 leguas se hicieran cortas. A su vez trataba de no pasarme de largo. La leguas indicadas a veces se estiran o se acortan un montón. Hay que guiarse con el cuentakilómetros del vehículo pero mas todavía con el sentido común. El error mas usual es salir apurado, siguiendo la reducida información, y no quedarse unos segundos mas para pedir algún dato mas.

Mas allá de que las leguas fueron reales o no, llegué al campo indicado, para lo cual había que entrar como unos 1000 metros, todos datos sellados a fuego en mi mente unos minutos atrás. La tranquera estaba abierta, así que me mandé nomás.

En estos casos el dueño, encargado o quien estuviese trabajando allí, suele enterarse de la llegada del visitante por la polvareda que se genera en ese tramo, que ya es privado. Y ya están allí esperando medio sorprendidos cuando uno llega. Claro, el vehículo no les es familiar. Si hay bosque tupido, a veces esa circunstancia no se da.

Aquí no había bosquecito, pero tampoco había nadie cuando pasé el guardaganado y me detuve. Los perros hacían su fiesta alrededor de la camioneta, haciendo círculos y eligiendo la mejor cubierta para orinarla primero. Todos esperan su turno para "sellar" el vehículo del recién llegado, finalmente los 4 neumáticos quedan "regados".

Lo mejor es quedarse un ratito sin bajar, mientras tanto uno estudia el panorama, y sobre todo a los perros. Muchas veces éstos pierden el interés y van a acostarse por ahí o a recuperar el alma tomando un poco de agua. Estas señales suelen darse cuando el patrón (de los perros) no está.

Por otra parte, los perros que no paran de ladrar y mostrar sus muelas, lo hacen por instinto en defensa de su patrón, en estos casos él está. Hasta que éste no llega y los calma, mejor quedarse adentro y esperar.

Pero acá pude bajarme, no sin lamentar haber hecho como 15 kilómetros y no encontrar a nadie.

Me quedé unos minutos con los antebrazos apoyados en la caja de la camioneta, mirando si algún jinete, camioneta o tractor venía, pero nada. Tampoco venía nadie desde la casa, que estaba a unos 30 metros de donde yo había parado.

Casi sin haber reparado en ello, había pasado por delante de un galpón al llegar, pero lo pasé de largo. Desde lejos vi que las puertas estaban abiertas, entonces me acerqué con la esperanza de que alguien hubiera estado ahí trabajando y no me hubiese escuchado llegar.

- Buenas...?!

Daba pequeños pasitos como para ir acercándome al galpón. Seguía buscando con la mirada a alguien que me escuchara. Nadie por aquí, nadie por allá... Ahí fue cuando vi ese tesoro colgado en uno de los tirantes del galpón. Había 6 enlozadas ordenadas desde la pared hasta la mitad del galpón, colgaditas con clavos y llenas de telarañas. Solo enlozadas! Todas hermosas!

Ya eran como las 4 y media de la tarde. Yo solo allí, y esas patentes colgadas, reflejando mi ansiedad de tenerlas. Pero tenía que esperar. No me iba a mover de ahí, así tuviera que dormir en la camioneta (para eso llevo una frazada, siempre).

Algún que otro vehículo pasaba por la ruta tirando tanto polvo como yo en mi venida, pero ninguno entraba al campo. Pasó mas de una hora hasta que una Ford F100 blanca asomara su trompa por la tranquera abierta, a 1000 metros de distancia. A medida que se acercaba, mi ansiedad crecía. Qué iba a pasar?

Las opciones en estos casos no son muchas:

1.- "Nuuuu esas nooooo". (empezamos muy mal)
2.-  Se las quedan mirando un rato, me miran, como estudiando qué hacer y acotan: "Y... no seeee, cuándo vuelve por aca.....?" (por lo menos no es un NO tan rotundo, hay posibilidades)
3.- "Y... Son de mi papá", (o son de mi marido, de mi hijo, etc. Pero seguro que no son de la persona con la que uno está en ese momento). (en estos casos habrá que tener paciencia y regresar mas adelante)
4.-  Llévelas! Si le gustan...! (la opcion que mas me gusta!)

La opción 5.-  "Cuánto las paga?" se da mas en la ciudad, no en el campo.

Bueno, aquí las patentes eran del papá del muchacho que recién había venido en la F100, es decir encajaba con la opción 3.

Pero la sorpresa mía fue grande cuando me dijo que me las podía llevar.

- En serio...?!!!!!

- Sí!!! Yo le ayudo a descolgarlas, a mi viejo mucho no le interesan...

Para que no quedara tan despoblado el tirante, colgamos algunas repetidas que yo siempre llevo.

Y me fui de ese campo contento por el inesperado final, pero no tan rápido como cuando llegué.


4.- El amigo poeta e historiador del sur

Si bien el nombre verdadero del personaje de esta anécdota no lo quiero revelar, lo bautizaré momentáneamente Aldo. Quien lo conozca sabrá entender. Igualmente no hace falta saber su nombre real, a menos que alguna vez lea esta nota y me lo permita hacer. 

La proa de la camioneta enfiló bien tempranito pa’l sur, con la intención de llegar bien al sur. La noche anterior lo había llamado a Nelson, un señor a quien no conocía, aunque tenía referencias de que podía tener patentes. Hacía años que lo quería llamar e ir hasta sus pagos. El a su vez tenía referencias mías y también quería conocerme. Qué mejor que hacer un viajecito, no? Estábamos en el mes de Febrero, ya entrando en sus últimos días.  

- Venite! Podés quedarte en casa, me dijo Nelson, mi esposa e hijos están de viaje. Traete algunas chapas repetidas que algún cambalache vamos a hacer!  

Tuve que “negociar” tan repentino viaje con mi esposa primero. Si bien no teníamos hijos aún, y ella en esas épocas todavía “me permitía” los viajes patenteros, había que pedir permiso a la patrona y acordar los tiempos de ausencia. Iban a ser por lo menos 8 días de viaje y unos 5000 kilómetros por recorrer… 

Mi primera meta era llegar a este pueblo de la provincia del Chubut, donde tenía un posible canje pendiente: una patente de Taxi número 002, con un hermoso paisaje patagónico en su costado izquierdo, que había visto en uno de mis viajes anteriores y de la que el Sr. Baigorria, su poseedor, no quería desprenderse tan fácilmente. El canje estaba en mi cabeza hacía tiempo y podía llegar a ser difícil de lograr. Esa patente estaba repintada… (no me gustan para nada las repintadas), pero yo sabía que iba a ser complicado encontrar otra pieza igual en el futuro y bien valía la pena el intento de tenerla. Los colores no eran los correctos y habría que mandarla a arenar y luego tratar de encontrarle los colores mas parecidos a los originales. Pero eso era lo de menos… 

El Sr. Baigorria había sido intendente de su pueblo en otra época, ahora se dedicaba a su trabajo particular en su casa. No coleccionaba patentes precisamente, pero le gustaban las antigüedades. La patente era nada menos que de otro pueblo distante: Julián Herrero (nombre anterior de Cushamen) y la había encontrado enterrada en una de sus caminatas por el campo en las afueras de su localidad. Con este tesoro en su poder, la llevó a su casa, la limpió y luego la repintó. La tenía colgada en su garage junto con las dos patentes que yo le había dado la vez anterior, en canje por otra patente del Chubut que yo no tenía. Nunca le pregunté cómo esta patente de Julián Herrero fue a parar a este otro pueblo y estaba enterrada el las afueras del mismo… 

Es interesante saber que la localidad de Cushamen originalmente se había establecido a orillas de lo que es hoy “Costa del Ñorquinco”, ya a fines del 1800. Cuando se estableció el paralelo 42º como límite interprovincial entre Chubut y Río Negro, este pueblo quedó ubicado dentro del Territorio de Río Negro por escasos 500 metros. Los pobladores no estaban de acuerdo con esto y pidieron al Gobierno del Chubut, bajo el mandato del gobernador Roque Gonzales, trasladar el pueblo hasta el lugar que hoy ocupa. Esto fue aprobado y se comenzó el trabajo en el año 1964. Ese año ya se estaba construyendo la actual Escuela Nº 38. A partir de allí se realizó la mensura y se empezó a edificar la comisaría, la plaza y el edificio de la Municipalidad. El 4 de Noviembre de 1966, dando cumplimiento a lo dispuesto en el articulo 7° del decreto Nº 3149/64, comienza a funcionar la Comuna Rural de Cushamen, creada por la Ley N° 652. La Secretaría de la Comuna comenzó sus actividades provisoriamente en la casa de su primer Presidente, don Basilio Nahuelquir. La ubicación de esta localidad era equidistante a los parajes circundantes, por eso se la denominó inicialmente Cushamen Centro. 

Dicen en el pueblo que Cushamen significa “lugar de soledad” en mapuzungum, la lengua mapuche. En realidad, es un vocablo tehuelche meridional, que quiere decir “quebrado”, por la fisonomía del lugar. Está ubicada entre la confluencia de los ríos Ñorquinco y Cushamen, a 73 km. de El Maitén. 

Luego los maestros propusieron llamar a esta pequeña localidad Julián Herrero, en honor al primer maestro de la escuela. Posteriormente fue reestablecido su original nombre bajo el régimen militar. Viven actualmente unas 450 familias, en su mayoría mapuches.   

Pero volviendo a la historia, yo tenía mi “as de espadas” cuidadosamente envuelto para este posible canje, que yacía en el piso de la camioneta del lado del acompañante esperando serme útil. Pensaba que con lo que le iba a llevar, don Baigorria no podría resistirse.  

Resulta que en uno de mis viajes por la provincia de Córdoba, anduve buscando patentes por un pueblo que justamente se llama Coronel Baigorria. Llegué allí un día de mediados de semana, bastante temprano a la mañana, tipo 8 y media, y me dirigieron a la casa de una muchacho a quien desperté, sin tener esa intención. No me abrió la puerta, simplemente me pregunto que quería desde adentro.  

- Me manda el Sr. (tal y tal), y dice que Usted. puede tener alguna patente de acá de Baigorria, de esas de las de antes...  

Se entreabrió la puerta luego de un rato de espera, y aparecieron dos patentes de bronce con el nombre Cnel. Baigorria, Oficial y con el número 1! Ese “1” seguro que denotaría ser el que usaron los intendentes alguna vez, seguramente varios de ellos. Me dijo que las llevara nomás… Una de esas dos fue para la colección y la otra a enriquecer la caja de repetidas.

El Sr. Baigorria no lo podía creer, no solo que no sabía de la existencia de un pueblo en Córdoba con su apellido, sino que se sorprendió de tener a la vista una patente de allí, que habían usado los mismísimos intendentes, y con el numero 1! 

Los dos nos beneficiamos con el canje, y yo feliz proseguí con mi viaje al sur. 

Más de 48 horas después tocaba timbre en lo de Nelson, muerto de cansancio por algunos cientos de kilómetros de ripio, pero contento de haber llegado. Luego del merecido baño y de acomodar mi bolso, nos dedicamos a mirar las patentes mutuas e hicimos algunos canjes muy interesantes.  

- Mañana tendrias que ir a verlo a Aldo. Es todo un personaje. El patentes tiene, pero no sé si te va a cambiar alguna   

Lo invité a mi nuevo amigo a comer una pizza con cerveza y por supuesto nos fuimos a dormir tarde: charlamos mucho de patentes viejas, por supuesto. 

Recuerdo perfectamente que al día siguiente era sábado. Me levanté a media mañana y mi colega patentólogo ya había preparado unos bienvenidos mates amargos. Luego me dirigí a lo de Aldo. 

Su “bunker” era una cabaña rodeada de autos viejos, casillas rodantes y creo que chatarra también. Los perros anunciaron al dueño de casa que yo estaba allí y vino enseguida, invitándome a pasar. Subimos por una escalera de madera exterior a un primer piso. Quedé totalmente impresionado cuando entré en esa cabaña-museo.  

Resulta que don Aldo es un absoluto fanático y férreo defensor de las Islas Malvinas como argentinas, ultra nacionalista y 100% peronista. Lo primero que hizo fue pedirme que firme el libro de visitas, que debía obligadamente estar acompañado de una dedicatoria acorde. Me mostró infinidad de fotos que se sacó con autoridades de toda la política argentina de los últimos 50 años, incluidos todos los presidentes, por supuesto. 

Hablamos de historia argentina durante horas, y en lo que mas le gustó explayarse fue en el tema Malvinas. Me contó que había hecho 4 viajes a Inglaterra, a reclamar por la soberanía de nuestras Islas. Llegó a estar parado en un banquito y despotricar contra la reina en varios discursos callejeros, rodeado de pancartas propias y obviamente de un séquito de curiosos transeúntes que lo escuchaban vociferar a todo pulmón. Según la ley del Reino Unido, se permite hablar de la reina en esos tonos, e incluso insultarla, pero siempre que no se toque el suelo: se permite hacerlo pero parado sobre algo. Si uno pisa el suelo, marche preso señor! 

Dijo que la primera vez, comenzó a hablar mal de la reina en plena calle y que alguien se apiadó de él y le acercó un cajón de madera para que se parara encima. No pudo con su genio y pateó el cajón, indicando que si los ingleses estaban pisando suelo argentino estando en las Islas, y siendo eso para él y todos los argentinos un insulto, bien podía él hacer lo mismo hablando mal de la reina en Inglaterra misma, sin tener que subirse a ningún banquito… 

Mientras me contaba eufórico sus proclamas en el extranjero, no solo en Inglaterra, sino en toda Europa, me mostraba recortes de diarios ingleses con fotos dando pruebas de sus dichos y también abundantes recortes de diarios nacionales.  

Su fanatismo le ha permitido dar infinidad de charlas en escuelas, radios y ha tocado sistemáticamente las puertas de todo organismo que le haya dado un poco de atención, tanto aquí como en el extranjero. Es un fanático total!  

- Mañana a las 12 del mediodía es el izamiento de la bandera en la plaza, dijo solemne y serio. Vas a estar ahí, no?  

Yo no podría desoir semejante invitación, sobre todo luego de haberme mostrado tres patentes enlozadas que tenía guardadas, las que me hicieron levantar la temperatura de mis venas. Dos de ellas estaban impecables y eran nada menos que del “Territorio de Santa Cruz”. Esa fue la razón de mi visita a Aldo, después de todo...  

Como no se dio el canje en ese momento, a pesar que yo estaba provisto de buenas patentes de Provincia Eva Perón, que a mi amigo historiador y poeta le habían gustado mucho, preferí dejarlo pendiente para luego del izamiento de la bandera que iba a ser al día siguiente. 

Toda esa tarde me acompañó Nelson a ver algunos contactos que él tenía y hubo algunas piezas nuevas interesantes en la cosecha. Recuerdo haber ido a un hostel, muy ambientado con onda rústica. Luego de saludar a su dueño, la mirada se clavó instintivamente en una patente del Territorio de Santa Cruz de chapa, colgada junto a una foto del Che Guevara. Ofrecí cambiársela por una patente original de Cuba que yo llevaba en mis cajas para canjes. Se le iluminaron los ojos cuando la vio, al igual que a mí, al descolgar la de San Julián, soplarle el polvo y sacarle alguna que otra telaraña. 

La mañana del domingo se presentó notablemente mas fría y con mucho viento. Fui hasta el bunker de Aldo a buscarlo en la camioneta. Estaba vestido como un soldado y traía consigo un buen manojo de volantes. Me comentó que iban a estar unos turistas tucumanos presentes, a los que había invitado al evento la tarde anterior.  

- Antes, los de la radio local me dejaban hablar los domingos a la mañana, ahora ya no quieren…. se quejó… 

Cuando llegamos a la plaza, ya lo estaba esperando allí uno de sus discípulos, un muchachito de unos 15 años, muy predispuesto a ayudar en el izamiento de la bandera dominical. Yo me había hecho la idea de que iba a haber mucha gente esperando, incluyendo los turistas tucumanos, pero simplemente no había nadie! De pronto Aldo se puso a gritar a viva voz:  

- Viva las Malvinas! Las Malvinas son Argentinas!  Fuera a los ingleses de las Islas….! Vamos a recuperarlas…! 

Tan fuerte gritaba este hombre, que ahí sí comenzó a congregarse gente, pero todos ellos guardaban distancia de unos 50 metros de nosotros tres. Enseguida empezó a cantar el Himno, mas bien a gritarlo a pulmón pelado. Yo era el encargado del izamiento, mientras el muchachito sostenía la bandera para que no tocara el suelo. Por mi parte trataba de apurar un poco el izamiento, pero Aldo me hacía señas con la mano y me miraba serio para que lo haga mas despacio. 

En un momento dado yo miré a mi alrededor y ví mucha gente congregada, y dentro de todo me alegré de que hubieran venido, pero me di cuenta enseguida que todos estaban parados a esa distancia, como mirando sorprendidos y tratando de ver qué estaba pasando, mas que ser parte del acto en sí. Los gritos se escucharían seguramente 200 metros a la redonda y todos venían a ver qué pasaba… 

Yo pensé: … qué estoy haciendo acá…?! Tragame tierra ahora mismo…!  

El acto igualmente duró solo unos minutos y al finalizar, don Aldo, el chico y yo empezamos a repartir los panfletos. Luego, la gente se fue dispersando a medida que se daba cuenta que era solo un acto de izamiento de la bandera nacional. Luego de darle Aldo una palmadita de agradecimiento en la espalda a su seguidor y despedirlo, nos subimos a mi camioneta y enfilamos al bunker.  

Allí, finalmente mis patentes repetidas de “Provincia Eva Perón” hicieron fuerza y pude obtener las 3 enlozadas que me habían quitado parte del sueño la noche anterior. Pero esas patentes no iban a ser lo único que me iba a llevar de la casa de Aldo: me preparó una cartulina, de esas que usan los chicos en las escuelas, para que la pegara del lado de adentro del parabrisas de la camioneta, en la que se podía leer con letras muy grandes “Las Malvinas son Argentinas”. Mi amigo Aldo pretendía que la mostrara así colocada los miles de kilómetros que me llevaría llegar a casa. 

Lo mas cómico fue que al irme de allí, pasar por lo de Nelson a despedirme, agradecer su hospitalidad y recoger mi bolsito, fui a cargar combustible, ya con el póster retirado del parabrisas: con la enorme cartulina pegada no veía nada! Y quién estaba en la estación de servicio con su Estanciera vieja esperando en la fila….? Sí  adivinó… el mismísimo Aldo… Creo que no me vio, ya que cada uno, línea de surtidores de por medio y luego de llenar el tanque, salió con rumbo opuesto…. 

Cada tanto lo llamo por teléfono a Aldo para ver cómo anda. Sigue con su campaña local e internacional, planeando y haciendo viajes a Inglaterra para seguir con su lucha por la recuperación de las Islas Malvinas. Bien por Aldo!


habrá mas...

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